Leo en un boletín de noticias científicas que la población de orangutanes en la zona noreste de Borneo ha caído de 20.000 a sólo 5.000 en las últimas décadas. Who cares? Se acabarán los orangutanes y seguiremos teniendo centros comerciales. Por cierto, ayer fui con Juan a comprar libros y llegar al maldito Apumanque, que normalmente nos habría tomado unos diez minutos, se convirtió en un viaje de casi una hora, por el túnel que están construyendo en Manquehue con Apoquindo. Ciudades mutantes, obras viales que prometen futuro esplendor, mientras tanto, ajo y agua. Y Juan métale a reírse mientras yo reclamo, debe pensar que soy un viejo cascarrabias y sí, está en lo cierto, pero no importa, porque… ¡qué linda es la risa de los niños! Después ya nunca más volvemos a reír así, con esa limpidez que testimonia no haber perdido todavía nada importante en el camino.
Esta mañana, ensayo general de despertarse de madrugada, con el pretexto de la final del Open de Australia. Federer es un rival angustiante: no se incomoda y es implacable, gracias a unas condiciones técnicas y físicas sobresalientes. ¡Pobre Baghdatis!: en el amanecer de este domingo sentí mucha pena por él, por la forma en que Federer lo arrolló frente a sus ruidosos compatriotas. Sin embargo, juraría que, una vez que lo vio aplastado, el suizo tiró fuera a propósito una pelota para que la derrota no fuera tan humillante, lo que hablaría bien de él, como ser humano. El tenis es uno de los deportes más fascinantes que existen, por el papel central que juega la psicología. Salvo casos extremos de enfermedad o lesión, entre contrincantes de características técnicas similares, un partido de tenis termina siendo una lucha de poder entre dos mentes. Sólo el golf es más exigente en ese sentido que el tenis, porque no hay contraparte.
Y nos vamos a Chiloé… Hacer maletas o bolsos es un buen ejercicio de anticipación y todo viaje son tres viajes, asociados a las dimensiones del tiempo, que finalmente se resumen en una. He metido en el bolso un block que me regaló mi hija Catalina para un cumpleaños y en cuya tapa reprodujo la cabeza de un guepardo (lo que no es un detalle menor, porque se trata, primero de un felino, y segundo de uno extraordinariamente bello), con la idea de tomar algunas notas que a nuestra vuelta pueda utilizar como material para este diario. Pero, en realidad no sé si lo haré.
La fe en la ciencia –y, de paso, en el progreso indefinido de la Humanidad… Compruebo en una larga discusión por chat con una amiga que el ideal iluminista sigue vivo. Por principio niego que la razón pueda acceder a las verdades más trascendentales de la vida humana y termino defendiendo a los herméticos, ocultistas y esotéricos, mientras mi amiga se empecina en tratar de convencerme que lo que no se ajusta al método científico son patrañas. Como es de rigor cuando se discute acerca de dos asuntos diferentes como si se tratara del mismo, no llegamos a nada, tal como ocurre con la ciencia que, por verse obligada a evitar todo lo que no es cuantificable y “objetivo”, seguramente nunca podrá dar respuesta a las inquietudes más profundas de los seres humanos. En verdad, nada que se base en la razón instrumental puede hacerlo, porque aquella es como la serpiente que se devora a sí misma comiéndose la cola. Tomen nota, iluministas: su fe en la ciencia no es menos absurda que la fe en Dios o en los números. La ciencia, que es tan precisa y confiable, se basa en principios no demostrados: las geometrías no euclidianas y el teorema de la incompletitud de Gödel en el ámbito de la matemática y, en la física, los sistemas caóticos, en los que es imposible predecir resultados con exactitud a partir de unas condiciones iniciales dadas, son algunos ejemplos de las limitaciones inherentes a las ciencias fácticas. Eso para no meternos con la biología que es más compleja e inasible.
A los que buscan la verdad, reivindicando el valor de la subjetividad tan depreciada por la ingenua mentalidad científica, les aconsejo que sigan a Sting y escuchen lo que les dice su corazón…
Esta mañana, ensayo general de despertarse de madrugada, con el pretexto de la final del Open de Australia. Federer es un rival angustiante: no se incomoda y es implacable, gracias a unas condiciones técnicas y físicas sobresalientes. ¡Pobre Baghdatis!: en el amanecer de este domingo sentí mucha pena por él, por la forma en que Federer lo arrolló frente a sus ruidosos compatriotas. Sin embargo, juraría que, una vez que lo vio aplastado, el suizo tiró fuera a propósito una pelota para que la derrota no fuera tan humillante, lo que hablaría bien de él, como ser humano. El tenis es uno de los deportes más fascinantes que existen, por el papel central que juega la psicología. Salvo casos extremos de enfermedad o lesión, entre contrincantes de características técnicas similares, un partido de tenis termina siendo una lucha de poder entre dos mentes. Sólo el golf es más exigente en ese sentido que el tenis, porque no hay contraparte.
Y nos vamos a Chiloé… Hacer maletas o bolsos es un buen ejercicio de anticipación y todo viaje son tres viajes, asociados a las dimensiones del tiempo, que finalmente se resumen en una. He metido en el bolso un block que me regaló mi hija Catalina para un cumpleaños y en cuya tapa reprodujo la cabeza de un guepardo (lo que no es un detalle menor, porque se trata, primero de un felino, y segundo de uno extraordinariamente bello), con la idea de tomar algunas notas que a nuestra vuelta pueda utilizar como material para este diario. Pero, en realidad no sé si lo haré.
La fe en la ciencia –y, de paso, en el progreso indefinido de la Humanidad… Compruebo en una larga discusión por chat con una amiga que el ideal iluminista sigue vivo. Por principio niego que la razón pueda acceder a las verdades más trascendentales de la vida humana y termino defendiendo a los herméticos, ocultistas y esotéricos, mientras mi amiga se empecina en tratar de convencerme que lo que no se ajusta al método científico son patrañas. Como es de rigor cuando se discute acerca de dos asuntos diferentes como si se tratara del mismo, no llegamos a nada, tal como ocurre con la ciencia que, por verse obligada a evitar todo lo que no es cuantificable y “objetivo”, seguramente nunca podrá dar respuesta a las inquietudes más profundas de los seres humanos. En verdad, nada que se base en la razón instrumental puede hacerlo, porque aquella es como la serpiente que se devora a sí misma comiéndose la cola. Tomen nota, iluministas: su fe en la ciencia no es menos absurda que la fe en Dios o en los números. La ciencia, que es tan precisa y confiable, se basa en principios no demostrados: las geometrías no euclidianas y el teorema de la incompletitud de Gödel en el ámbito de la matemática y, en la física, los sistemas caóticos, en los que es imposible predecir resultados con exactitud a partir de unas condiciones iniciales dadas, son algunos ejemplos de las limitaciones inherentes a las ciencias fácticas. Eso para no meternos con la biología que es más compleja e inasible.
A los que buscan la verdad, reivindicando el valor de la subjetividad tan depreciada por la ingenua mentalidad científica, les aconsejo que sigan a Sting y escuchen lo que les dice su corazón…
