Temporalia

Nombre: Eduardo
Ubicación: Santiago, Chile

30 enero, 2006

Leo en un boletín de noticias científicas que la población de orangutanes en la zona noreste de Borneo ha caído de 20.000 a sólo 5.000 en las últimas décadas. Who cares? Se acabarán los orangutanes y seguiremos teniendo centros comerciales. Por cierto, ayer fui con Juan a comprar libros y llegar al maldito Apumanque, que normalmente nos habría tomado unos diez minutos, se convirtió en un viaje de casi una hora, por el túnel que están construyendo en Manquehue con Apoquindo. Ciudades mutantes, obras viales que prometen futuro esplendor, mientras tanto, ajo y agua. Y Juan métale a reírse mientras yo reclamo, debe pensar que soy un viejo cascarrabias y sí, está en lo cierto, pero no importa, porque… ¡qué linda es la risa de los niños! Después ya nunca más volvemos a reír así, con esa limpidez que testimonia no haber perdido todavía nada importante en el camino.

Esta mañana, ensayo general de despertarse de madrugada, con el pretexto de la final del Open de Australia. Federer es un rival angustiante: no se incomoda y es implacable, gracias a unas condiciones técnicas y físicas sobresalientes. ¡Pobre Baghdatis!: en el amanecer de este domingo sentí mucha pena por él, por la forma en que Federer lo arrolló frente a sus ruidosos compatriotas. Sin embargo, juraría que, una vez que lo vio aplastado, el suizo tiró fuera a propósito una pelota para que la derrota no fuera tan humillante, lo que hablaría bien de él, como ser humano. El tenis es uno de los deportes más fascinantes que existen, por el papel central que juega la psicología. Salvo casos extremos de enfermedad o lesión, entre contrincantes de características técnicas similares, un partido de tenis termina siendo una lucha de poder entre dos mentes. Sólo el golf es más exigente en ese sentido que el tenis, porque no hay contraparte.

Y nos vamos a Chiloé… Hacer maletas o bolsos es un buen ejercicio de anticipación y todo viaje son tres viajes, asociados a las dimensiones del tiempo, que finalmente se resumen en una. He metido en el bolso un block que me regaló mi hija Catalina para un cumpleaños y en cuya tapa reprodujo la cabeza de un guepardo (lo que no es un detalle menor, porque se trata, primero de un felino, y segundo de uno extraordinariamente bello), con la idea de tomar algunas notas que a nuestra vuelta pueda utilizar como material para este diario. Pero, en realidad no sé si lo haré.

La fe en la ciencia –y, de paso, en el progreso indefinido de la Humanidad… Compruebo en una larga discusión por chat con una amiga que el ideal iluminista sigue vivo. Por principio niego que la razón pueda acceder a las verdades más trascendentales de la vida humana y termino defendiendo a los herméticos, ocultistas y esotéricos, mientras mi amiga se empecina en tratar de convencerme que lo que no se ajusta al método científico son patrañas. Como es de rigor cuando se discute acerca de dos asuntos diferentes como si se tratara del mismo, no llegamos a nada, tal como ocurre con la ciencia que, por verse obligada a evitar todo lo que no es cuantificable y “objetivo”, seguramente nunca podrá dar respuesta a las inquietudes más profundas de los seres humanos. En verdad, nada que se base en la razón instrumental puede hacerlo, porque aquella es como la serpiente que se devora a sí misma comiéndose la cola. Tomen nota, iluministas: su fe en la ciencia no es menos absurda que la fe en Dios o en los números. La ciencia, que es tan precisa y confiable, se basa en principios no demostrados: las geometrías no euclidianas y el teorema de la incompletitud de Gödel en el ámbito de la matemática y, en la física, los sistemas caóticos, en los que es imposible predecir resultados con exactitud a partir de unas condiciones iniciales dadas, son algunos ejemplos de las limitaciones inherentes a las ciencias fácticas. Eso para no meternos con la biología que es más compleja e inasible.

A los que buscan la verdad, reivindicando el valor de la subjetividad tan depreciada por la ingenua mentalidad científica, les aconsejo que sigan a Sting y escuchen lo que les dice su corazón

27 enero, 2006

Siempre me han producido morbo los funcionarios públicos. Por eso, la escena de “Der Untergang” en la que un juez de paz, laceado ex profeso en las inmediaciones de la Cancillería para que Hitler pudiera casarse –casi in articulo mortis–con Eva Braun, está celebrando el matrimonio, me pareció magnífica. Ese tipo, que está metido a 11 metros de profundidad en un búnker opresivo, mientras el mundo se cae a pedazos allá arriba; que prácticamente siente el aliento del hombre más conocido de Alemania en su cara, le pide a Hitler que muestre un documento de identificación, porque sigue ajustándose al procedimiento y apegado a su investidura. Goebbels, que no comprende el sentido ritual de la petición, interviene, molesto, y le dice: “¡Pero si es el Führer!” (o sea… ¿erei huevón o te hacís, no más?)

Esos funcionarios meticulosos y poseídos por el celo profesional, son una subespecie en vías de extinción. De hecho, están siendo reemplazados por los operadores de call centers, que como veíamos el otro día, son estructuralmente equivalentes a ellos en lo que respecta a no pensar y seguir en forma rígida procedimientos diseñados por gente a veces incluso más tonta que ellos mismos.

“Der Untergang” es una película estremecedora aún para el que no tiene una idea previa de lo que ocurrió en esos últimos días de colapso y hundimiento del Tercer Reich. Si me pongo a hablar de ella, como me ocurrió anoche con mi amigo Periquito SS. Malaleche, tendría que mencionar muchos aspectos, así que para no darle la lata a aquellos que no les interesa el tema, me voy a centrar en dos solamente.

1) Hitler era un hombre.

Malvado, esquizofrénico, psicópata, manipulador, lo que se quiera, pero era un hombre y nos hacemos un flaco favor considerándolo un monstruo, porque al concebirlo así, lo estamos absolviendo y/o contribuyendo a su deificación. Ian Kershaw, que es el autor de la mejor biografía que existe (tengo ambos tomos en inglés, si alguien la quiere consultar), en el prólogo de ese libro dice algo similar en abono de esa tesis. Y también habla de la supuesta admiración por Hitler que le habrían achacado a él los tontos de turno, dando a entender a las claras que escribir una biografía no implica aceptar al personaje, ni mucho menos admirarlo. Por otra parte, en respuesta a la polvareda de los otros subnormales que se rasgaban las vestiduras reclamando que el hecho de que en la película Hitler pareciese humano, podía suscitar simpatía con él, escribió en The Guardian: “Hitler was, after all, a human being, even if an especially obnoxious, detestable specimen.”

2) Estar a la altura de las circunstancias

Sabido es que las situaciones extremas hacen aflorar también las características extremas de la personalidad. Muchos de los jerarcas y subordinados que estaban en el búnker fueron abandonándose a medida que el tufo a vodka se acercaba a Berlín. Otras personas cayeron en actitudes histéricas, como Magda Goebbels; otros como Fegelein, el que no llegó a ser cuñado del Führer, se disolvían en la administración del desprecio y el sexo como opiáceo de segunda. Eva Braun, en cambio se mantuvo entera y se esforzó por aliviar el sufrimiento de los demás. “Quiero ser un cadáver hermoso”, dice poco antes de suicidarse. Eso es tener presencia de ánimo y morir con coraje y dignidad. ¡Bien por ella!


Por fin, ¡hoy empiezan mis vacaciones! Esta tarde iremos al Estadio Croata a ver una representación en que Juan bailará ataviado como rapa – nui. A propósito de Juan, a mi amiga María le hizo mucha gracia mi desliz con el georgiano. A todos nos encanta reirnos de los demás, aunque es mucho mejor y más cómodo reírse de uno mismo, porque siempre nos tenemos a la mano.

26 enero, 2006

Una vez más me siento orgulloso de ser chileno: nuestro reality show local, “Los Pinochet” supera en popularidad a The Osbournes de MTV. Los gringos tenían a Jacqueline Kennedy; nosotros –y en este momento, ellos también– tenemos a Jacqueline Pinochet.

Por millones de años, el clima ha sido un tema recurrente en las comunidades humanas: así las viejas tienen algo de qué conversar, porque está claro que no hay nada que les guste más a los primates humanos que hablar. Mientras aquí nos estamos friendo (ayer la máxima en Santiago rebasó los 36º C), en Ucrania registran temperaturas por debajo de -30º C. Inviernos y veranos tan rigurosos ¿no hablarán del impacto de nuestra estupidez sobre el medio ambiente?

El otro día una señora me tocó el timbre para hablarme de la relación entre la influenza aviar y el Armagedón. Más allá de no compartir su fe, me temo que no anda demasiado desencaminada: a veces siento que estamos caminando al borde de un cráter y no nos percatamos de las fumarolas que presagian la erupción. Luego puede ser demasiado tarde. Los trastornos ecológicos que nuestra codicia produce son cada vez más complejos y difíciles de revertir. Nada nuevo: desde los inicios del homo sapiens la eco-logía ha estado subordinada a la eco-nomía.

Volviendo a Ucrania y afines, antes la gente se moría de frío; gracias a los periodistas, hoy muere de hipotermia. Quienes repiten eso como loros, naturalmente no saben que esa horrible palabra significa “baja temperatura”. En cualquier caso, yo prefiero “frío” que es más breve y menos rebuscado.

Tenemos la tecnología, pero nos falta la inteligencia y sobre todo, la sensibilidad para mejorar los niveles de servicio al cliente. Los “call centers”, por ejemplo, son, por decirlo con una palabra suave, diabólicos. Vueltas pa acá, vueltas pa allá, todos sonríen con muecas de manual, nadie piensa más allá de lo que establece el mismo manual (seguramente escrito por un marciano) y por lo tanto, nadie resuelve nada. Habría que recordarle a los genios de marketing a cargo que el verdadero servicio no consiste en una atención relativamente amable, sino en dar solución a los problemas, si es posible con un mínimo de gentileza, o sea sin ladrar.

Hace mucho tiempo que eliminé de mi vocabulario la expresión “tener la razón”. La realidad es poliédrica y, en consecuencia, salvo en lo que atañe a la aritmética más elemental, siempre hay más de una perspectiva y pretender imponer a como dé lugar la verdad propia, resulta ingenuo. Hasta aquí vamos bien. Sin embargo, aunque uno no juegue al juego de estar en la razón, aunque no tenga la empecinada determinación del iluminado o de la obsesiva-compulsiva, lo cierto es que a menudo, la mayoría de nosotros –y no me excluyo de ese lote–, actúa como si lo que dice fuera la Verdad Universal. Eso porque nos sobra lo que les falta a los robots: emociones.

En el capítulo de las emociones, el excelente Open de Australia y, en particular, el partido que hoy remontó Baghdatis contra Nalbandian, del que desgraciadamente, sólo pude ver algunos juegos. Esa final entre Federer y Baghdatis va a estar potente. También algunos momentos de la película “Cartas desde París”, que como suele ocurrir con las historias sentimentales, se fue hundiendo y deslavando a medida que transcurría. A propósito de mi chifladura con el georgiano, invité a Juan a que me acompañara un rato para que escuchara el sonido de esa lengua y voy y le comento, oye, este idioma tiene palabras parecidas al castellano, ¿viste que teléfono se dice “telefón”? Y Juan me dice, papá, la señora está hablando en francés…

No es fácil decaer con dignidad.

25 enero, 2006

Como de costumbre, medio dormido iba bajando esta mañana La Pirámide y veo un letrero que dice: “¿Qué corre por tus venas?” Una campaña teaser más de las que tanto gustan a los publicistas, pues los hacen sentirse enfermos de creativos. Algún día, a riesgo de que me cuelguen algunos familiares y amigos, me voy a referir al submundo de la publicidad, pero ahora vamos a la pregunta. Lo primero que pienso es que la mayoría de los que leen el letrero deberían responder “alcohol”. Y nadie se mete con ellos, mientras el interminable reguero de cadáveres que la irresponsabilidad de los ebrios va dejando en todas partes, dice “¡salud!”

Me gusta y entusiasma que Chile haya tomado el rumbo del desarrollo. ¿Será verdad lo que sostenían fervorosamente los marxistas que la Historia se tragó, que las superestructuras moldean a las sociedades? Si es así, no cabe duda de que vamos a terminar siendo miembros del club de los países desarrollados una vez que se promulgue la “ley antitabaco”, porque por no quedarnos atrás, nos estamos poniendo en la primera fila de la encarnizada persecución a los fumadores. En verdad, nada estimula más que una buena caza de brujas, que de haberlas, las hay. Creo que el “Malleus Maleficarum” debería ser lectura obligada en la educación básica (para la educación media recomiendo a Crowley y su magia sexualis; pensar que hoy Crowley no habría necesitado recurrir al aparataje del ocultismo para dar rienda suelta a su libido -gay & proud- y nos habríamos perdido un personaje y un libro casi tan bueno como el de Urantia).

Puedo entender que a la mayoría de la gente le encante leer diarios y ver las noticias en la televisión. De hecho, los grandes educadores de nuestra mediática cultura occidental son los periodistas. Pero la gente no busca educación en las noticias, sino distracción, o para decirlo con todas sus letras, huir del taedium vitae. La acedía, que tanto le gustaba a mi amigo Tomás Pablo, no es lo mismo, pero comparte lazos familiares con aquel. En el fondo, como bien reconoció Camus, la verdadera pregunta no es ¿qué corre por tus venas? sino por qué no cortárselas. Si uno no es totalmente deshonesto, a veces resulta difícil encontrar una respuesta feliz a esa cuestión. En todo caso, como dijo Roberto Benigni, la vida es bella.

A sólo cinco días de comenzar la aventura que nos llevará a la Isla Grande de Chiloé con mi hijo… Los hijos son potentes sentidos derivados, derivados porque la afectividad, siendo extremadamente importante y necesaria, no es suficiente, y porque el sentido hay que construirlo de adentro hacia fuera. En el fondo, para expresarlo en términos matemáticos, tiene que ser una constante y no una variable dependiente. Se dice fácil…

Y hablando de afectos, anoche comencé a ver “Cartas desde París” esperando que, desde las primeras escenas, mis oídos fueran seducidos por el sonido del ruso. Sin embargo, rápidamente me di cuenta de que ese idioma no era ruso. ¡Qué decepción! Hoy me puse a investigar en Internet y descubrí que la lengua oficial de Georgia es, curiosamente, el georgiano, idioma que no se escribe con el alfabeto cirílico sino con dos alfabetos propios, el mxedruli (o mkhedruli) y el xucuri, que a su vez tiene dos variantes, a fin de hacerlo un poco más difícil. Para que se hagan una idea, lo que figura más abajo es una palabra escrita con la bella tipografía del mxedruli

საიდუმლოჲ


Lo único que me consuela es que ustedes que leen esto, probablemente compartían mi ignorancia (aunque yo sé de una que me va a querer convencer de que no es así) hasta que les hice ver la luz. Si quieren averiguar más, en este sitio encuentran todo lo necesario sobre el georgiano y las lenguas caucásicas, incluida la endiablada pronunciación de sus 33 consonantes

http://www.armazi.com/georgian

Conclusión: en un mundo globalizado –ancho y ajeno– seguimos desconociendo muchas cosas, como por ejemplo que en Nueva Guinea (que, tras Groenlandia, es la segunda isla más grande del mundo, con una superficie un poco superior a la de Chile continental) se hablan alrededor de la mitad de las lenguas que subsisten en nuestro planeta. Lo que me recuerda que hace unos días estuvimos incursionando en el guaraní con la Antonia. Podríamos seguir con el georgiano, ¿no crees?

Por mis venas circula una singular mezcla de plomo y cristianismo.

24 enero, 2006

Hoy sale a la venta en EE.UU. el último libro de Stephen King, "Cell". La tirada inicial es de 1.100.000 ejemplares. De King puedo hablar, porque he visto varias películas basadas en guiones suyos. Ese brazo de Carrie que arrancó un aullido de terror a todos los que estábamos en el Rex, hace tantísimo tiempo, por ejemplo. El otro día me pasaron la cuenta por "IT, el payaso asesino", con lo cual también me hice responsable de traumas infantiles de mis hijas e hijo: algún día seremos estériles y todo se arreglará, me digo para consolarme. King es desconcertante para mí; en realidad, no me atrevería a alabarlo, pero tampoco a basurearlo. Estoy hablando de la imaginación del tipo, no de la ejecución, porque la verdad es que no me he animado a leer uno de esos best sellers con tapas llenas de colorinches y probablemente una muy mala traducción... ¡Qué estupendo tener tantos prejuicios: me ahorran muchísimo tiempo de pruebas inútiles! La trama de esta nueva entrega es simple en el sentido más amplio de la palabra: gente que recibe a través de su teléfono celular "el pulso" y se convierten en asesinos. ¡Andá a cagarte!, como diría un argentino. Magnífica escena: la fanática madre de Carrie elevándose y recibiendo los cuchillos dirigidos por la mente de su hija, para terminar clavada a la pared con cara de pre-orgasmo... Suele ocurrir que la satanización de algo tiene un efecto paradojal, pues la pirotecnia asociada nos ciega a lo pernicioso que puede llegar a ser ese algo, como es el caso de los celulares. Por las orejas nos haremos cyborgs...

Finalmente arriendo "Der Untergang" junto con una película que cuenta la historia de una niña que vive con su abuela de 90 años en Georgia. Esta mañana venía pensando en el auto que no me gustaría morirme sin haber aprendido ruso: ese alfabeto precioso y el hipnótico sonido de las palabras... Los rusos que hablan castellano suelen pronunciar muy bien, ¿pasará lo mismo al revés? Fijo que me voy a morir sin saber ruso, pero está bien, porque vivir es en cierto modo posponer. Para otros es mantener vigentes sus sueños. Yo también tengo un sueño, pero no lo voy a decir.

Me he acordado insistentemente en los últimos días de mi amiga Angela, que con tenacidad envidiable me insistía la otra vez en que escribiera y yo que no, que escribo cuando me da la gana. Bueno, me dieron ganas y ya ves lo que salió: asume tu responsabilidad.

23 enero, 2006

Es estremecedor leer las noticias y percatarse de que una ballena de país desarrollado recibe mucha más atención que un niño africano. Hay algo obsceno e hipócrita en eso, especialmente porque para muchísima gente los animales no son más que bienes transables. Tal vez justamente por eso los negritos pierden.

Y ya que estamos con los negros, ayer Ronaldinho falló un penal. Si uno se para en el punto de penal ve dos kilómetros de arco para cada lado. Entonces, ¿cómo es posible echarla afuera sin querer? El penal es como un fusilamiento (la terminología de los comentaristas deportivos suele reconocer ese hecho) y en todo pelotón hay un fusil con bala de salva. La diferencia es que aquella descarga de responsabilidad al que dispara y no al ejecutado. Y no es una diferencia menor.

La sana institución desaparecida del verdugo... Hoy sólo tenemos a Bin Laden para usarlo de chivo expiatorio.

Elfriede Jelinek es un personaje estrafalario empezando por su aspecto de regenta jubilada con un pelo larguísimo que no pega ni junta. ¿Es casualidad que su discurso de aceptación del Premio Nobel esté plagado de metáforas de dudoso gusto sobre pelos enmarañados, peinetas sin dientes y similares? Sin embargo, el texto comienza con una pregunta interesante: "¿Es la escritura el don de acomodarse, de lograr un acomodo con la realidad?" La pregunta es, como suele suceder en los discursos protocolares, retórica, porque está claro que ella se fue por el otro lado, el de la agotadora contestación. Si hubiese optado por acomodarse, probablemente no habría ganado ningún premio y no estaría hablando de ella. Sé que corro el riesgo de meterme en otro péndulo de Foucault, pero voy a comprar una novela suya esta tarde: eso me pasa por criticar.

Le dije a la Antonia que este blog iba a ser más "liviano" que el otro. Creo que hasta aquí no lo he logrado, porque ligereza no es lo mismo que desorden e incoherencia. We try harder!, como decía el clásico eslógan de Avis. Error: lo que cuenta no es la intención -y el esfuerzo que la acompaña- sino el resultado. Está claro que Ronaldinho quería meter el gol, pero la pelota no entró y nos quedamos con las ganas de gritar el gol. Lo que pudo ser y no fue: la Historia está llena de eso. Si Roma finalmente borró a Cartago de la faz de la tierra fue porque los cartagineses no le dieron el golpe de gracia a los romanos, cuando estaban en condiciones de hacerlo.

Última semana antes de unas vacaciones que prometen mucho. Tengo que seleccionar los libros que tal vez sólo lleve a pasear, terminar de poner orden en el maldito computador, ver de nuevo "Der Untergang", darme el tiempo de conversar con mi hija, recibir a la Inés que vendrá esta tarde a contarnos sus peripecias en tierras europeas y antes de eso reencontrarme con la veterinaria con quien hablé por teléfono esta mañana y mencionó al tierno Juanito que ya hace tanto tiempo no está con nosotros y me dio pena recordarlo... Eso son los blogs, ¿no? un recuento de cosas que a nadie más importan hechas públicas urbi et orbi, ¡menuda paradoja!