Nombre: Eduardo
Ubicación: Santiago, Chile

27 enero, 2006

Siempre me han producido morbo los funcionarios públicos. Por eso, la escena de “Der Untergang” en la que un juez de paz, laceado ex profeso en las inmediaciones de la Cancillería para que Hitler pudiera casarse –casi in articulo mortis–con Eva Braun, está celebrando el matrimonio, me pareció magnífica. Ese tipo, que está metido a 11 metros de profundidad en un búnker opresivo, mientras el mundo se cae a pedazos allá arriba; que prácticamente siente el aliento del hombre más conocido de Alemania en su cara, le pide a Hitler que muestre un documento de identificación, porque sigue ajustándose al procedimiento y apegado a su investidura. Goebbels, que no comprende el sentido ritual de la petición, interviene, molesto, y le dice: “¡Pero si es el Führer!” (o sea… ¿erei huevón o te hacís, no más?)

Esos funcionarios meticulosos y poseídos por el celo profesional, son una subespecie en vías de extinción. De hecho, están siendo reemplazados por los operadores de call centers, que como veíamos el otro día, son estructuralmente equivalentes a ellos en lo que respecta a no pensar y seguir en forma rígida procedimientos diseñados por gente a veces incluso más tonta que ellos mismos.

“Der Untergang” es una película estremecedora aún para el que no tiene una idea previa de lo que ocurrió en esos últimos días de colapso y hundimiento del Tercer Reich. Si me pongo a hablar de ella, como me ocurrió anoche con mi amigo Periquito SS. Malaleche, tendría que mencionar muchos aspectos, así que para no darle la lata a aquellos que no les interesa el tema, me voy a centrar en dos solamente.

1) Hitler era un hombre.

Malvado, esquizofrénico, psicópata, manipulador, lo que se quiera, pero era un hombre y nos hacemos un flaco favor considerándolo un monstruo, porque al concebirlo así, lo estamos absolviendo y/o contribuyendo a su deificación. Ian Kershaw, que es el autor de la mejor biografía que existe (tengo ambos tomos en inglés, si alguien la quiere consultar), en el prólogo de ese libro dice algo similar en abono de esa tesis. Y también habla de la supuesta admiración por Hitler que le habrían achacado a él los tontos de turno, dando a entender a las claras que escribir una biografía no implica aceptar al personaje, ni mucho menos admirarlo. Por otra parte, en respuesta a la polvareda de los otros subnormales que se rasgaban las vestiduras reclamando que el hecho de que en la película Hitler pareciese humano, podía suscitar simpatía con él, escribió en The Guardian: “Hitler was, after all, a human being, even if an especially obnoxious, detestable specimen.”

2) Estar a la altura de las circunstancias

Sabido es que las situaciones extremas hacen aflorar también las características extremas de la personalidad. Muchos de los jerarcas y subordinados que estaban en el búnker fueron abandonándose a medida que el tufo a vodka se acercaba a Berlín. Otras personas cayeron en actitudes histéricas, como Magda Goebbels; otros como Fegelein, el que no llegó a ser cuñado del Führer, se disolvían en la administración del desprecio y el sexo como opiáceo de segunda. Eva Braun, en cambio se mantuvo entera y se esforzó por aliviar el sufrimiento de los demás. “Quiero ser un cadáver hermoso”, dice poco antes de suicidarse. Eso es tener presencia de ánimo y morir con coraje y dignidad. ¡Bien por ella!


Por fin, ¡hoy empiezan mis vacaciones! Esta tarde iremos al Estadio Croata a ver una representación en que Juan bailará ataviado como rapa – nui. A propósito de Juan, a mi amiga María le hizo mucha gracia mi desliz con el georgiano. A todos nos encanta reirnos de los demás, aunque es mucho mejor y más cómodo reírse de uno mismo, porque siempre nos tenemos a la mano.