Hoy sale a la venta en EE.UU. el último libro de Stephen King, "Cell". La tirada inicial es de 1.100.000 ejemplares. De King puedo hablar, porque he visto varias películas basadas en guiones suyos. Ese brazo de Carrie que arrancó un aullido de terror a todos los que estábamos en el Rex, hace tantísimo tiempo, por ejemplo. El otro día me pasaron la cuenta por "IT, el payaso asesino", con lo cual también me hice responsable de traumas infantiles de mis hijas e hijo: algún día seremos estériles y todo se arreglará, me digo para consolarme. King es desconcertante para mí; en realidad, no me atrevería a alabarlo, pero tampoco a basurearlo. Estoy hablando de la imaginación del tipo, no de la ejecución, porque la verdad es que no me he animado a leer uno de esos best sellers con tapas llenas de colorinches y probablemente una muy mala traducción... ¡Qué estupendo tener tantos prejuicios: me ahorran muchísimo tiempo de pruebas inútiles! La trama de esta nueva entrega es simple en el sentido más amplio de la palabra: gente que recibe a través de su teléfono celular "el pulso" y se convierten en asesinos. ¡Andá a cagarte!, como diría un argentino. Magnífica escena: la fanática madre de Carrie elevándose y recibiendo los cuchillos dirigidos por la mente de su hija, para terminar clavada a la pared con cara de pre-orgasmo... Suele ocurrir que la satanización de algo tiene un efecto paradojal, pues la pirotecnia asociada nos ciega a lo pernicioso que puede llegar a ser ese algo, como es el caso de los celulares. Por las orejas nos haremos cyborgs...
Finalmente arriendo "Der Untergang" junto con una película que cuenta la historia de una niña que vive con su abuela de 90 años en Georgia. Esta mañana venía pensando en el auto que no me gustaría morirme sin haber aprendido ruso: ese alfabeto precioso y el hipnótico sonido de las palabras... Los rusos que hablan castellano suelen pronunciar muy bien, ¿pasará lo mismo al revés? Fijo que me voy a morir sin saber ruso, pero está bien, porque vivir es en cierto modo posponer. Para otros es mantener vigentes sus sueños. Yo también tengo un sueño, pero no lo voy a decir.
Me he acordado insistentemente en los últimos días de mi amiga Angela, que con tenacidad envidiable me insistía la otra vez en que escribiera y yo que no, que escribo cuando me da la gana. Bueno, me dieron ganas y ya ves lo que salió: asume tu responsabilidad.
Finalmente arriendo "Der Untergang" junto con una película que cuenta la historia de una niña que vive con su abuela de 90 años en Georgia. Esta mañana venía pensando en el auto que no me gustaría morirme sin haber aprendido ruso: ese alfabeto precioso y el hipnótico sonido de las palabras... Los rusos que hablan castellano suelen pronunciar muy bien, ¿pasará lo mismo al revés? Fijo que me voy a morir sin saber ruso, pero está bien, porque vivir es en cierto modo posponer. Para otros es mantener vigentes sus sueños. Yo también tengo un sueño, pero no lo voy a decir.
Me he acordado insistentemente en los últimos días de mi amiga Angela, que con tenacidad envidiable me insistía la otra vez en que escribiera y yo que no, que escribo cuando me da la gana. Bueno, me dieron ganas y ya ves lo que salió: asume tu responsabilidad.

2 Comments:
¡Estupendo! Estoy encantada. Vete dejando llevar por el deseo de escribir, divagando de este tema al otro, hasta que el propio cerebro encuentre aquello en lo que detenerse.
Ángela
Gracias, aprecio realmente el interés que te tomas en que no me termine de desanimar: eso ayuda bastante...
Un beso,
Eduardo
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