Nombre: Eduardo
Ubicación: Santiago, Chile

26 enero, 2006

Una vez más me siento orgulloso de ser chileno: nuestro reality show local, “Los Pinochet” supera en popularidad a The Osbournes de MTV. Los gringos tenían a Jacqueline Kennedy; nosotros –y en este momento, ellos también– tenemos a Jacqueline Pinochet.

Por millones de años, el clima ha sido un tema recurrente en las comunidades humanas: así las viejas tienen algo de qué conversar, porque está claro que no hay nada que les guste más a los primates humanos que hablar. Mientras aquí nos estamos friendo (ayer la máxima en Santiago rebasó los 36º C), en Ucrania registran temperaturas por debajo de -30º C. Inviernos y veranos tan rigurosos ¿no hablarán del impacto de nuestra estupidez sobre el medio ambiente?

El otro día una señora me tocó el timbre para hablarme de la relación entre la influenza aviar y el Armagedón. Más allá de no compartir su fe, me temo que no anda demasiado desencaminada: a veces siento que estamos caminando al borde de un cráter y no nos percatamos de las fumarolas que presagian la erupción. Luego puede ser demasiado tarde. Los trastornos ecológicos que nuestra codicia produce son cada vez más complejos y difíciles de revertir. Nada nuevo: desde los inicios del homo sapiens la eco-logía ha estado subordinada a la eco-nomía.

Volviendo a Ucrania y afines, antes la gente se moría de frío; gracias a los periodistas, hoy muere de hipotermia. Quienes repiten eso como loros, naturalmente no saben que esa horrible palabra significa “baja temperatura”. En cualquier caso, yo prefiero “frío” que es más breve y menos rebuscado.

Tenemos la tecnología, pero nos falta la inteligencia y sobre todo, la sensibilidad para mejorar los niveles de servicio al cliente. Los “call centers”, por ejemplo, son, por decirlo con una palabra suave, diabólicos. Vueltas pa acá, vueltas pa allá, todos sonríen con muecas de manual, nadie piensa más allá de lo que establece el mismo manual (seguramente escrito por un marciano) y por lo tanto, nadie resuelve nada. Habría que recordarle a los genios de marketing a cargo que el verdadero servicio no consiste en una atención relativamente amable, sino en dar solución a los problemas, si es posible con un mínimo de gentileza, o sea sin ladrar.

Hace mucho tiempo que eliminé de mi vocabulario la expresión “tener la razón”. La realidad es poliédrica y, en consecuencia, salvo en lo que atañe a la aritmética más elemental, siempre hay más de una perspectiva y pretender imponer a como dé lugar la verdad propia, resulta ingenuo. Hasta aquí vamos bien. Sin embargo, aunque uno no juegue al juego de estar en la razón, aunque no tenga la empecinada determinación del iluminado o de la obsesiva-compulsiva, lo cierto es que a menudo, la mayoría de nosotros –y no me excluyo de ese lote–, actúa como si lo que dice fuera la Verdad Universal. Eso porque nos sobra lo que les falta a los robots: emociones.

En el capítulo de las emociones, el excelente Open de Australia y, en particular, el partido que hoy remontó Baghdatis contra Nalbandian, del que desgraciadamente, sólo pude ver algunos juegos. Esa final entre Federer y Baghdatis va a estar potente. También algunos momentos de la película “Cartas desde París”, que como suele ocurrir con las historias sentimentales, se fue hundiendo y deslavando a medida que transcurría. A propósito de mi chifladura con el georgiano, invité a Juan a que me acompañara un rato para que escuchara el sonido de esa lengua y voy y le comento, oye, este idioma tiene palabras parecidas al castellano, ¿viste que teléfono se dice “telefón”? Y Juan me dice, papá, la señora está hablando en francés…

No es fácil decaer con dignidad.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Nuestra dignidad está a salvo mientras no nos empecinemos en tener "la razón" a toda costa.

Como inicias hoy las vacaciones, que tengas un buen viaje y vuelvas con los ánimos muy altos.

Besos

Ninovska

21:11  
Blogger Eduardo said...

Una señal de eso es ser capaz de reírse de uno mismo, como digo en la siguiente entrada. Por lo demás, a menudo la convicción no es más que un intento de disfrazar la carencia de fe.

¡Gracias y ya nos veremos!

Eduardo

10:52  

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